Para celebrar este 5 de enero el cumpleaños del maestro Miyazaki -y teniendo en cuenta que ya todas sus películas tienen una viñeta dedicada (https://www.aliphant.es/pages/cal_01_2016.htm), podría revisitarse uno de sus mayores éxitos, Mi Vecino Totoro, y de paso dibujar la casa de las niñas Mei y Stasuki, que ya fue recreada físicamente en las proximidades de Nagoya, en Japón.
La historia de Totoro tiene numerosos tintes autobiográficos, por la época y la vida rural reflejada de la infancia de Miyazaki, pero la parte más sobrenatural no pertenece a la extensa mitología japonesa. Aunque en el sintoísmo la naturaleza está protegida por los kami y demás espíritus, Totoro y sus otras dos variantes en tamaños menguantes parecen proceder del cuento europeo de los tres Trolls, con la pronunciación de un niño japonés.
El Gatobus o Nekobasu es un concepto más peculiar. Según su tradición, los gatos más ancianos adquieren el poder de adoptar diversas formas, así como ciertos objetos de uso cotidiano pueden adquirir un alma como los seres vivos. El caso de un gato que se convierte en autobús de línea y da servicio a otros seres sobrenaturales es obviamente tan extremo y moderno como encomiable en el imaginario de Miyazaki. El gatobús puede encontrar cualquier lugar o persona, simplemente indicándolo en su cartel luminoso frontal, y con sus cinco pares de patas no hay terreno que no pueda recorrer, como el mítico caballo Sleipnir de ocho patas que portaba al dios Odín.
Un año más, feliz cumpleaños, Maestro Miyazaki.












































































































































































































































































































































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