Durante los más de 11.000 años de población de la isla de Chipre o Ku-pi-ri-jo, como la denominaban los micénicos, vinculándola con los cipreses, el arbusto alheña, que los más modernos prefieren llamar henna como en inglés, o el cobre o aes Cyprium que se extraía de su suelo, Chipre ha sido siempre un punto de encuentro entre las civilizaciones mediterráneas… y los ingleses.
La actual República de Chipre que preside la Unión Europea en el primer semestre de 2026, apenas obtuvo su independencia de los ingleses en 1960, cuando el arzobispo ortodoxo Makarios III se convirtió en su Presidente. El nuevo Estado chipriota se componía de una mayoría de cultura griega que pretendía unirse a Grecia, la llamada enosis, una importante minoría turca que aspiraba lo mismo con Turquía, el taksim, y dos bases militares británicas en Akrotiri y Dhekelia, a modo de doble Gibraltar, que, simplemente, esperaban seguir allí. Las intervenciones griega y turca dejaron un país dividido con la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre en 1983, que sólo es reconocida por la propia Turquía .
En sus 24 Juegos Olímpicos como comité independiente, los chipriotas apenas han ganado dos medallas de plata en vela, lo que les da unos 5 coubertinos, recalcando que lo importante es participar, nada que objetar. La bandera de la República de Chipre reivindica la unificación de la isla de color de cobre entre dos ramas de olivo y un fondo blanco por la paz, mientras Nicosia, su capital, es prácticamente la última ciudad dividida del planeta.
Χαίρε!

































































































































































