Archivo de la categoría: Tabla Periódica

Serie Atómica LXI Promecio

A comienzos del siglo XX, un modelo químico tan potente como la Tabla Periódica de los Elementos de Mendeleyev había dado sus frutos en la predicción de elementos desconocidos, pero como se vió en el caso del 43, el Tecnecio, había combinaciones de protones y neutrones que, sencillamente, no funcionaban. El siguiente hueco se dio con el número atómico 61, pero a diferencia del tecnecio que permitió sintetizar isótopos con una vida media de 4 millones de años, el nuevo elemento sintético que superaba los 17,7 años en el mejor caso. En 1945, los americanos Marinsky, Glendenin y Coryell crearon el elemento de 61 protones por fisión del uranio, y evocando al mito de Prometeo que cometió la osadía de robar el fuego de los dioses para compartirlo con la Humanidad, lo llamaron Prometheum, lo que después se normalizó como promethium para homogeneizarlo con las típicas terminaciones de los elementos.

El promecio tiene propiedades similares a los de los lantánidos pero, al ser radioactivo, su uso como fuente de radiación hace menos interesantes sus propiedades meramente químicas. Lógicamente no interviene en procesos biológicos pero sí parece generarse de forma natural como residuo de la fisión de metales más pesados y se ha identificado en la composición de varias estrellas.

Se recupera el disfraz de la Criatura de Frankenstein, el llamado Moderno Prometeo en la romántica visión de Mary Shelley que parece potenciar tan bien la reciente película de Guillermo del Toro. Y se mantiene para el elefantito la iconografía del antiguo, encadenado por su delito y castigado a que un águila de Zeus devorara su hígado cada día. 

Serie Atómica LX Neodimio

Al separar los dos nuevos elementos del didymio o material gemelo de Lantano Von Welsbach creó trillizos, el óxido de praseodimio le dió a éste el prefijo praseo- de verde puerro y aunque el otro presentaba un color violáceo, se quedó simplemente como el nuevo, o neodimio. 

El neodimio es el elemento crucial en las aleaciones de boro y hierro que se usan para crear los más potentes imanes de uso generalizado en el mercado, lo que supone un sinfín de usos y aplicaciones en los productos de consumo.

Al igual que el praseodimio, la única función biológica conocida del neodimio es en la química de los extremófilos de las fumarolas volcánicas submarinas. Y, aunque, la ingesta de un único imán de neodimio no revierte peligro en un cuerpo humano, tragar dos o más de estos objetos puede ser potencialmente letal, dado que su fuerte atracción magnética puede estrangular y perforar las paredes del tracto digestivo. No hay que subestimar el poder de la Fuerza… magnética.

Serie Atómica LIX Praseodimio

La expresión japonesa «Kamo ga negi wo shottekuru», que se traduciría ´»como ver un pato con un puerro» responde a una sorpresa tan grata e inesperada como inverosímil, donde un apreciado ingrediente de su gastronomía como es el pato aparecería ya equipado con su condimento puerro como un kamonegi viviente. Los creadores de Pokémon, tal vez ya algo faltos de ideas originales, crearon Kamonegi con ese concepto y se tradujo a Occidente como Farfetch’d, inverosímil.

Pero, ¿qué tienen que ver los puerros y los pokémon con el praseodimio? Sírvanse de abundante paciencia, amables lectores. El grupo de los lantánidos, con su orbital exterior 6s2 completo presenta unas características físicas y químicas muy similares entre los elementos miembros y las impurezas de sus minerales apenas se diferenciaban de los elementos predominantes. Los llamaron «gemelos del Lantano» y, no en vano, identificaron como el nuevo elemento didymio, del griego «gemelo», una mezcla de varios de estos elementos. No fue hasta 1885 que el químico Carl Auer von Welsbach consiguió extraer del didymio a los dos gemelos de la tabla periódica: el praseodimio «gemelo verde puerro» (59) y el neodimio «nuevo gemelo» (60), en un inesperado pero afortunado dos por uno. Práso sigue siendo puerro en griego moderno, lo que sin duda ayuda a los químicos a apreciar este detalle en la cocina helénica. 

El praseodimio es un elemento útil en la óptica para la construcción de visores y láseres, pero parece no tener interacción en las reacciones biológicas excepto en el peculiar caso de los gusanos de las fumarolas volcánicas submarinas.

Serie Atómica LVIII Cerio

Si bien en algunas tablas periódicas clásicas se colocaba una casilla de elemento cero donde había un neutrón (cero protones y cero electrones), nadie tenía en mente al cerio, que ocupa la segunda posición de los lantánidos en la grada de tierras raras. 

Y poco tiene de raro el cerio que es tan abundante como el cobre, aunque se cobre más por éste. Tampoco tendría que ver con la cera, que es un éster de ácidos grasos de cadena larga generado por agentes biológicos ya que el cerio tiene utilidad cero en los seres vivos, y al ser abrasivo, es mejor mantenerlo lejos del alcance de cualquiera. Cosa más seria sería la ceria, u óxido de cerio, en serio. (Vaya día les estamos dando a los ceceantes). 

Y sin embargo, el cerio tiene la curiosa propiedad de generar chispas al golpearlo, como un pikachu cabreado, lo que le convierte en un material ideal para mecheros y productos pirotécnicos. 

Como se va a acabar esta descripción antes de llegar al misterioso origen del nombre del elemento, distracciones cero: cuando en 1803 el sueco Berzelius dio con el cerio, hacía apenas dos años que se había descubierto el planeta enano Ceres, el 1 de enero de 1801, nombrado así por el sacerdote y astrónomo Giuseppe Piazzi  en honor a la diosa romana de la agricultura, mientras sus paisanos se comían las lentejas, y a otros les daban las uvas. En aquel momento no se sabía cómo de importante era Ceres, pero desde la antigüedad, los planetas visibles a simple vista se habían asociado a los elementos químico: el oro con el Sol, la Luna con la plata, el cobre con Venus, Marte con el hierro y el mercurio, vaya usted a saber…    

Serie Atómica LVII Lantano

La primera vez que se ve una tabla periódica de los elementos extraña encontrar dos filas apartadas como si no cupieran en aquella extraña estructura: son los lantánidos y los actínidos y se suele explicar que juntarlos en dos grupos justifica su exclusión. 

Pero la cosa tiene más enjundia. Cuando los átomos son tan grandes como para albergar 57 protones y decenas de neutrones en su núcleo, sus electrones se ubican en orbitales cada vez más complejos. La familia de los lantánidos han completado su sexta capa exterior antes que las interiores y por eso sus miembros presentan propiedades químicas similares, ya que, como es sabido, las interacciones químicas se basan en la capacidad de los átomos de ceder o absorber electrones para completar sus capas exteriores y hallar el equilibrio.

Al sueco Carl Gustaf Mosander le costó bastante encontrar al patriarca lantano, y por eso, le dio un nombre griego que significa escondido. Llamar a un elemento hasta entonces desconocido «escondido» es como llamar Gato a un gato o Pikachu a un pikachu, pero no ahondemos en su falta de originalidad. Aunque se le suele agrupar entre las tierras raras, su presencia  en nuestro planeta supera a la de elementos más conocidos como el plomo, que es pesado sí, pero no cunde tanto. Las tierras raras no son especialmente infrecuentes, pero tienden a presentarse de forma tan dispersa, que no es nada fácil su explotación. Y sin embargo, el lantano es un material clave de nuestra tecnología, tanto para crear baterías como para lentes ópticas de alta calidad e incluso en tratamientos renales a pesar de su ligera toxicidad.

La larga carrera por descubrir los lantánidos está a punto de empezar, pero como dice el proverbio italiano, chi va piano…, quien va despacio, va… lantano.

Serie Atómica LVI Bario

Aunque el bario no fue aislado hasta que Sir Humphry Davy aplicó electrólisis a unas sales de este metal en 1808, su compuesto barita, con be, que no es la de Harry Potter, era conocido por los alquimistas como piedra de Bolonia, fascinados por sus propiedades fosforescentes.

Pero incluso el nombre fue de lo más insulso, ya que hace sólo referencia al peso del mineral del que se obtuvo, lo que no va a resultar en ninguna novedad a estas alturas de la tabla periódica. Ese mismo étimo aparece en las partículas subatómica llamadas bariones frente a los más ligeros leptones, a toda clase de conceptos relacionados con la presión desde el barómetro a las isobaras e incluso la voz de barítono, más grave que la de tenor pero no tanto como la del bajo.

Al no ser un mineral muy abundante, su uso es bastante limitado, bien como colorante verde para fuegos artificiales y, si no es para tirar cohetes, la papilla de bario se ingiere como material de contraste para las radiografías del aparato gastro-intestinal. Y aquí acaba esta introducción, con el riesgo de ser tachada de bárica.

Serie Atómica LV: Cesio

En el mundo de la química no es infrecuente dar con un 2×1.El dúo químico de Kirchhoff y Bunsen cuya colaboración y buena química dio lugar al ya mencionado descubrimiento del elemento Rubidio mediante la aplicación de la espectroscopia a cierto mineral de lepidolita, ya les había dado frutos similares con el hallazgo del cesio un año antes. Como en el caso del rubidio, fue el color de las líneas en el espectro del cesio lo que incitó a estos creativos científicos a darle este nombre que hace mención al azul celeste.

Nadie verá, por tanto, un tono cerúleo en este metal alcalino y dorado que se derrite a 28,5ºC, como ciertas chocolatinas que para no hacer publicidad, se dirá que son como lacasitos. Pero a diferencia de los lacasitos, que se derrite en la boca y no en la mano, el cesio explota en contacto con el oxígeno o el agua, por lo que serían más bien la boca o la mano las que se pueden derretir en este caso.

Con un comportamiento tan violento, ya no es que sea tóxico para los seres vivos, es que entra en combustión más rápido que un coche de las películas de los 80. Sin embargo, una vez superada la dificultad de su manejo mediante aceites minerales y tubos de vacío, las aplicaciones tecnológicas abarcan muy diversas índoles, desde colorante pirotécnico a fluidos de perforación para prospecciones petrolíferas, aunque su uso en relojes atómicas ha llevado a que la definición de la unidad de tiempo «segundo» se base en una oscilación entre orbitales de un átomo de Cesio 133, el único isótopo existente de tan destacable elemento. Y es que para el cesio, siempre tendremos un segundo.

Serie Atómica LIV Xenón

Retomamos la serie atómica con un gas más raro que noble, pues cuando lo aislaron Sir Willian Ramsey y Morris Travers a partir del aire licuado del que extraían todos los gases del grupo 0, el xenón se hacía rogar y apenas se mostraba en una parte cada veinte millones. De ahí su nombre que significa «extraño», pero más en el sentido de escaso o ajeno que en el de combatir demogorgonas en un mundo del revés.

Existen más de 90 compuestos de xenón con oxígeno y flúor, por lo que su fama como gas inerte sufrió con la relajación que le permite una capa atómica de electrones completa, pero muy alejada del núcleo por tantos electrones interiores.

El xenón no es tóxico para el ser humano, pero sí lo es para la cartera, por su escasez en el aire licuado del que todavía se extrae como residuo. Tiene ciertos usos como anestesia, marcador y en emisores de luz LED, pero su principal virtud es que en lugar de hacer más aguda la voz tras su inhalación como el helio, la convierte en más grave. De ahí que Xena pueda sonar como Xenón sin muchas aspiraciones.

Serie Atómica LIII Yodo

Parafraseando a Thanos, el Titán Loco, la fusión entre el especial de Star Wars por el May the Fourth y la entrega 53ª de la serie atómica de Aliphant era sencillamente INEVITABLE.

El yodo es el elemento más pesado que resulta esencial en nuestros procesos vitales; lo que significa que, a partir de aquí, todo va a ir a peor en esta serie. El yodo es fundamental para la síntesis de las hormonas tiroidales tiroxina y triyodotironina que regulan nuestro metabolismo y nuestro crecimiento y, en ausencia de este elemento que se asimila por la dieta, se puede producir hipotiroidismo y, como síntoma visible, el bocio o inflamación de la glándula tiroidea que protege la tráquea. Algunos países suministran sales yodadas para contrarrestar la falta de yodo en la alimentación. 

El yodo no fue descubierto hasta que en 1811 el químico francés Bernard Courtois que andaba procesando algas marinas para obtener salitre y de allí la pólvora que necesitaba la Grande Armée, dio con un vapor violáceo desconocido. Joseph Louis Gay-Lussac identificó el hallazgo de Courtois como un nuevo elemento al que llamó Iodum por ser el nombre griego del color violeta, o magenta, o fucsia, que mucho criterio tampoco tenía. El yodo como antiséptico fue de gran ayuda en el frente, como el otro gran descubrimiento de Courtois, la morfina.

De los numerosos estados de oxidación que presenta el yodo, el adjetivo yódico representa a la valencia +5 y por no haber dado nunca George Lucas el nombre de la especie del pequeño y arrugado gran maestro Jedi, será obviamente de especie yódica, aunque tienda más al verde que al morado. Tres especímenes yódicos hemos conocido en el canon de Star Wars: el titular que lleva bastón para engañar a la Seguridad Social Galáctica, pero que luego da unos brincos y sablazos como si estuviera en centrifugado, su compañera de consejo Jedi Yaddle, que fue la prueba viviente de que la forma de hablar de Yoda era una dislexia que sólo no distrae a  los alemanes y el entrañable y genocida Grogu, alias Baby Yoda y que por sus declaraciones hasta la fecha nunca ha sido polémico en su primer medio siglo de vida. 

Yo-domaría el anhelo de seguir, parafraseando al gran poeta Rilke, o xe-non echa el siguiente elemento encima.   

Serie Atómica LII Telurio

inicialmente, la idea era contrastar su toxicidad con la utilidad en la fabricación de paneles solares, pero visto lo que somos capaces de provocar hasta con las energías renovables, cualquiera defiende al telurio, o teluro, que por ambos nombres respondería si los metaloides hablaran.

Afortunadamente, el teluro es muy escaso en la corteza terrestre y aparece en las menas de oro, como la calaverita, el telururo de oro, por lo que no está al alcance de cualquiera. El telurio no interviene en las reacciones químicas de los organismos excepto en los aminoácidos de algunos hongos que sustituyen con él al azufre y al selenio. 

Cuando un ser humano inhala mínimas cantidades de telurio, el cuerpo sintetiza telururo de dimetilo y adquiere su aliento un fuerte olor a ajo que puede prolongarse durante meses. Un intoxicado por telurio se identifica fácilmente por el rastro de vampiros muertos a su paso.

No fue hasta 1782 que Franz-Joseph Múller dio con el nuevo elemento procedente de una mina de oro de Transilvania y Martin Kalproth le dio el nombre tellurium por el latín Tellus, tierra, en 1798, en un alarde del telúrico ingenio germánico. La referencia a MOT, Movimientos Orgánicos Telúricos del maestro Azpiri era obligatoria.

Aunque se utiliza en la fabricación de los discos compactos grabables, tuvo su momento en la memoria con la hélice de telurio del geólogo De Chancourtois, un buen intento previo a la tabla de Medeleyev de ordenar los elementos en una bonita hélice tridimensional en cuyo centro dispuso el telurio.

Serie Atómica LI Antimonio

Resulta desconcertante tratar de averiguar contra qué está el antimonio, porque, a pesar de su adverso nombre y la etimología popular de quien no quiere estar solo, lo más plausible es que el latín adaptara un vocablo griego que a su vez procedía de la palabra del antiguo egipcio sedem, que es como se llamaba al acto de maquillarse. Los egipcios se pintaban los párpados y  el contorno de los ojos como presunta medida de proyección para la radiación solar y las infecciones del tejido conjuntivo, pero con el uso de estibina o sulfuro de antimonio o de galena o sulfuro de plomo, podría considerarse peor el remedio que la enfermedad. El llamado kohl o sombra de ojos utilizado desde hace miles de años por los moradores más cool del desierto procede de un vocablo sumerio que significa «espíritu» o «esencia pulverizada de un material», y de esa elaboración protoquímica deriva a su vez la palabra «alcohol», no menos espirituosa, tras precederle el artículo árabe.

El antimonio se encuentra en campo neutral entre metales y no metales dado que tiene un aspecto metálico pero propiedades de los no metales, uniendo lo mejor de ambos mundos.

En 1866 pasó a considerarse el antimonio como un veneno y por tanto perjudicial para el ser humano, por lo que, aunque siguió utilizándose en procesos industriales, su aplicación como medicamento contra enfermedades se limita a casos iniciales de leishmaniasis donde cada vez parece menos efectivo. Si se suma su toxicidad, dolor al inyectar el material oleoso y la baja eficacia, no es raro que, en espíritu, la comunidad anti-antimonio prospere. 

Serie Atómica L Estaño

Obviaremos los juegos de palabras fáciles, pues ya se han volcado en exceso en la viñeta, pero lo cierto es que, etimológicamente el estaño tiene un origen… raro. Por una parte está el grupo de lenguas románicas y célticas que derivan de stannum, que era el nombre de una aleación de plata y plomo -lo que recuerda a una oferta peligrosa de rechazar. Staen era en córnico el nombre para el mineral casiterita que se extraía desde hace milenios en Cornualles y surtía de material a todo el mundo antiguo para formar con el cobre de Chipre e Iberia la aleación de bronce. (Stan Laurel era el nombre artístico de El Flaco, pero era cómico más que córnico).
Por otra parte, está el grupo germánico con el inglés y holandés tin o el alemán Zinn. Tin significa también lata de conserva porque es el metal elegido por razones higiénicas y su resistencia a la oxidación con el agua para conservar los alimentos. El estaño es uno de los elementos con mayor número de isótopos estables, de hecho, diez: tantos, que no han cabido en la pizarra del aula de la viñeta. Además, el estaño puro a temperatura ambiente cuenta con dos variantes alotrópicas o estructuras moleculares principales:  el estaño blanco o beta es metálico, conductor de la electricidad y con un brillo amarillento y estable por encima de 13,2ºC. Además tiene voz propia: cuando se dobla el dúctil estaño metálico produce un peculiar ruido que se llama «grito del estaño», la ilusión de todo estañador.  El estaño gris o alfa es un polvo grisáceo, semiconductor y francamente nada atractivo como espécimen mineral y, curiosamente, se estabiliza por debajo de 13,2ºC. Cuando los objetos creados con una alta concentración de estaño se exponen a bajas temperaturas, se dice que se «pudren» en lo que se llama la «peste del estaño» y convierte el brillante metal en una masa polvorienta. Un falso mito explica -obviamente faltando a la realidad- que por los botones de estaño de los uniformes del ejército de Napoleón, la Grande Armée acabó totalmente andrajosa en la fría campaña de Rusia, pero por entrañable que suene, carece de fundamento. Lo que sí es producto de este cambio de estructura son los llamados bigotes de estaño o tin whiskers. En determinadas condiciones, las soldaduras de estaño puro utilizadas en la electrónica pueden degenerar en una especie de pelos que provocan cortocircuitos y que eran infrecuentes antes de la prohibición del uso del tóxico plomo, lo que parece una broma pesada.
Una tercera forma etimológica viene en las lenguas eslavas y bálticas, como se ve en el ruso álovo y que parece que no es sino una alusión al color blanco o albo del alótropo beta. Los alquimistas llamaban al estaño «plumbum candidum», pero la candidez del plomo era por el color y no por la saturnosis que provocaba el plomo de verdad a diferencia del más inerte estaño.

Serie Atómica XLIX: Indio

La peculiar naturaleza del espectro electromagnético visible tiene repercusiones en la lingüística universal comparada hasta el punto de considerarse una fuente de incertidumbre en la descripción de los colores y no se ha resuelto completamente con la invención de los modernos sistemas de identificación.

En el siglo XVII, Isaac Newton descompuso con un prisma un haz de luz en los colores del arco iris. Por su propia iniciativa, decidió que en ese gradiente continuo se podían diferenciar siete colores y uno de ellos, entre el azul y el violeta era el índigo, o añil, como más frecuentemente se conoce en español. Sin embargo, en esa época en la que tantos los tintes como los pigmentos se creaban de forma artesanal, no había manera de identificar de forma objetiva a qué rango de frecuencias -o longitudes de onda, para los físicos- se estaba refiriendo. Existía un tinte azul oscuro oriundo de unas plantas de la India que se llamaba en consecuencia índigo, una deformación de índico. Cuando en 1863 los químicos Richter y Reich vieron el espectro electromagnético de un nuevo metal, se fijaron en su línea de color índigo y lo denominaron Indium, sin por ello poder otorgarle un homenaje directo al superpoblado país.
El indio es un metal de post-transición, sin uso en la biología de la vida aunque nocivo como elemento pesado y sus aleaciones y compuestos despiertan un gran interés para la creación de nuevos materiales, como los resistentes parabrisas de los aviones tratados con ITO, el óxido múltiple de indio y estaño.  

Serie Atómica XLVIII Cadmio

El cadmio es uno de esos metales tóxicos y desconocidos hasta 1817 como buena parte de los artistas del Romanticismo y como ellos, sus virtudes no se apreciaron hasta mucho tiempo después.

De hecho, las baterías recargables de níquel-cadmio en las que se ha basado nuestra tecnología portátil dan cierto sentido a este renovado aprecio por un metal que sólo Alemania aisló durante el siglo hasta la Primera Guerra Mundial.

Fue descubierto de forma simultánea e independiente por los químicos Hermann y Stromeyer y se les ocurrió llamarlo así por el nombre latino del mineral calamina, el anticuado remedio basado en óxido de zinc para la picazón cutánea que debieron usar en grandes cantidades hasta detectar esta impureza. Tras mucho rascar, un metal resistente a la oxidación fue obtenido en cantidades residuales. La calamina deriva su nombre de Cadmeia o Tebas, la ciudad fundada por el héroe griego Cadmus, sobrino-nieto de Zeus, hermano de Europa y tatarabuelo de Semele, unida a Zeus para engendrar a Dioniso. Zeus entraba y salía en el árbol genealógico de Cadmus como las prendas de vestir en ciertas cadenas de ropa.

El cadmio no parece desempeñar ninguna función en la química vital de los organismos vivientes, aparte de calmar sus sarpullidos y las consecuencias de su intoxicación son lo suficientemente serias como para ponerse las pilas en caso de sospecha. O quitárselas, mejor. La sustitución por baterías de iones de litio ha reducido el uso del cadmio en ámbitos domésticos pero sigue en auge su utilización en paneles solares, procesos de centrales nucleares y televisores QLED. No obstante, la mayor asimilación de cadmio en los seres humanos se produce al fumar ya que las plantas de tabaco tienen cierta afición a coleccionar metales pesados del suelo. Tampoco se les puede culpar, si las van a cortar para quemarlas de todas formas…

Aliphant MCLXXIX Serie Atómica XLVIII Cadmio

Serie Atómica XLVII Plata

Sinónimo de segundo lugar o de época de ciertas mermas e incluso decadencias, el elemento 47 es tan conocido , que en lugar de recibir el nombre del lugar como tanto otros, es el origen de todo un país, Argentina, y de numerosos topónimos como La Plata o la mítica Árgire.

Como metal precioso malleable y de brillo reconocible, siempre comparado con la Luna, en oposición al áureo Sol, hay tres grupos de préstamos de gran difusión o Wanderwörter destacables. Por una parte, el castellano plata y sus parientes latinos, vienen claramente de la lámina plana que se creaba fácilmente con este material. El cultismo argent, o denominación de la plata en heráldica, y el adjetivo argentino pertenecen al mismo grupo de palabras errantes equivalentes del francés argent, latín argentum o griego argyrós, y mucho antes del indoeuropeo, y evoca la propiedad del brillo blanco de este metal. La tercera forma, la de las lenguas germánicas como el inglés Silver o el alemán Silber, pasando por el ruso serebro o incluso el eusquera zilar tienen un origen posiblemente no indoeuropeo y se compara a la palabra acadia para fundir metal.   

Para el ser humano la plata no es tóxica, pero una exposición excesiva con su irreversible asimilación en los tejidos del cuerpo confiere al asintomático afectado un característico color azul cerúleo en lo que se llama síndrome de argiria o argirosis.

Aliphant MCLXXVI Serie Atómica XLVII Plata

Serie Atómica XLVI Paladio

En la Nochevieja de 1802 William Hyde Wollaston estaba realizando sus propósitos de Año Nuevo, estudiar inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar y añadir dos elementos nuevos a la tabla periódica. Obviamente, nunca cumplió nada de lo prometido, era inglés y no veía más interés en estudiar su lengua y, aunque descubrió dos elementos nuevos en el mismo 1803, el rodio y el paladio, no existía todavía una tabla periódica donde añadirlos.

Para cumplir su objetivo, trató de apuntarse a un gimnasio y compró una cantidad interesante de platino, a la que sometió a infinitas torturas químicas hasta que soltó sus impurezas de rodio y de lo que llamó Paladio por el nuevo asteroide Pallas, descubierto en 1802. La conexión entre los avances de la astronomía y los de la química siempre fascinó a los científicos, que así podían tener tema de conversación cuando se reunían a comer juntos, lo que ocurría más frecuentemente que verse en el gimnasio. Pallas pertenecía al cinturón de asteroides, una región del espacio entre Marte y Júpiter donde la fórmula de Titius-Bode necesitaba que hubiera un planeta. Otro planeta enano del cinturón, Ceres, localizado en 1801 dio también nombre al elemento cerio, al que se llegará algún día en esta serie, tal vez en más tiempo de lo que llevó su hallazgo.

Pallas recibió su nombre por el apodo de Atenea, la diosa de la sabiduría, tal vez por razones geográficas o, según algunos relatos mitológicos, por liquidar a su enemigo Pallas. Sencillamente absurdo: si Pepito Pérez hubiera hecho cuenta de una cucaracha en tiempos mitológicos, tendrían que haberle llamado Cucaracha Pérez por la misma razón. Palladium era una escultura de madera apenas distinguible de un pilar que se honraba como un potente talismán de Atenea-Minerva en tiempos antiguos y, unido al concepto de sabiduría, se le aplicó al arquitecto renacentista Andrea di Pietro della Gondola que, como no cantaba bien con un jersey a rayas pero rescató todo el conocimiento de la arquitectura clásica en sus famosos cuatro volúmenes, se conoció desde entonces como Andrea Palladio. Le separa un montón de años de Wollaston como para que le ayudara en su propósito de dejar de fumar y lo demás. 

El paladio es un metal dúctil, muy caro, catalizador del grupo del platino, muy caro y con una enorme avidez para atrapar hidrógeno, lo que tiene su interés en la purificación de este gas, aunque no sale barato. Es relativamente inerte y ligeramente tóxico pero totalmente letales sus sales en baja concentración para los jacintos de agua, aunque, obviamente, no merece la pena matar a las plantas del vecino con paladio al precio que está. 

Aliphant MCLXVII Serie Atómica XLVI Paladio

Serie Atómica XLV Rodio

Como ya adelanta nuestra profesora de química habitual, William Hyde Wollaston fue un químico británico de una familia acomodada aunque muy numerosa. La herencia de uno de sus 16 hermanos le permitió dedicarse a las ciencias sin necesidad de ganarse la vida y costearse el tratamiento de los valiosos minerales del platino, donde se escondía, entre otros, un escaso metal brillante de gran dureza, el rodio. El color rosa de algunas de sus sales disueltas en agua le sugirió a Wollaston el nombre rhodium, del vocablo griego del color y la flor rosa, rhodon. Nuestra forma, que obviamente viene del latín rosa, rosae, fue posiblemente introducida en la península itálica desde el griego antiguo a través del osco, lo que establecería una conexión con numerosas lenguas antiguas, desde el egipcio antiguo wrt -y el copto uort o árabe warda- al proto-iranio *wardah, lo que implica un misterioso intercambio entre lenguas de familias muy dispares.

Por su escasez y valor, el rodio es el metal más caro, pero una fina película de este elemento es suficiente para proporcionar una gran dureza, brillo y propiedades hipoalergénicas a las piezas de joyería. El rodio es lo suficientemente inerte o noble como para no interesarse en las reacciones químicas de la biología.

Aliphant MCLXI Serie Atómica XLV Rodio

Serie Atómica XLIV Rutenio

No fue hasta el descubrimiento de 1844 en la Universidad de Kazán por el químico Karl Ernst Klaus, que por germánico que suene había nacido en el Imperio ruso y procedía de una familia del Báltico, que el tímido Rutenio vio la luz del descubrimiento. Había coexistido con otros elementos del grupo del platino en minerales tanto tiempo que había pasado desapercibido a alquimistas y químicos, pero en su afán de atacar rocas con agua regia al final dieron con él. Los rusos andaban con la idea de dedicar un elemento a la Madre Patria, y tras varios intentos fallidos de sus compatriotas, Klaus pudo abrir así la veda de reivindicaciones nacionales, con el nombre latino de Rusia, Ruthenio.

El Rutenio es un metal espectacular como catalizador, es decir para facilitar ciertas reacciones químicas que en condiciones normales no se producirían y sin por ello afectar al resultado, y su uso en compuestos en los procesos de hidrogenación le valió el premio Nobel de Química al japonés Ryoji Noyori en 2001. 

La propiedades de este escaso metal plateado y sus compuestos abren un mundo de posibilidades en el presente y en el futuro cercano. Su resistencia a la corrosión favorece su uso en los contactos de los circuitos integrados, su principal aplicación hasta el momento junto a su función como catalizador. El ruteniato de estroncio es un superconductor que manifiesta hiperfluidez como el Helio-3, es decir, se sale de los recipientes que lo contienen como un pulpo estresado. El isótopo radiactivo Ru-106 es un instrumento eficaz para destruir melanomas en la úvea, es decir, permiten atacar directamente a los tumores formados en el ojo. Y sin por ello terminar la lista, su potente absorción de luz incita su uso en estaciones solares.

Con todos estos ingredientes, la viñeta del rutenio transporta nuestra clase de química a la Rusia romántica del siglo XIX, que la escritora Leigh Bardugo ha mezclado con el steam-punk para crear el Grisha-verso en sus novelas de Shadow and Bones, una sociedad en conflicto entre magos manipuladores de elementos, los grisha, y de individuos no mágicos que recurren a las armas de fuego y artefactos adelantados a su época. 

Bud’te zdarovy, daragoy chitatel’! 

Aliphant MCLVI Serie Atómica XLIV Rutenio

Serie Atómica XLIII Tecnecio

En 1937 la comunidad científica pudo al fin respirar tranquila. Durante setenta años el modelo de la tabla periódica de Mendeleyev se había convertido en una herramienta muy eficaz, no sólo para clasificar los elementos conocidos, sino para predecir las propiedades y finalmente descubrir los que todavía no se habían encontrado. Y sin embargo, el elemento 43 se resistía a aparecer y las falsas alarmas se prodigaron ante el desconcierto de la comunidad científica. O el modelo no funcionaba, o simplemente era el propio átomo de 43 protones el que parecía no dar buen resultado.

En 1937, en la Universidad de Palermo, Carlo Perrier y Emilio Segrè trabajaron con unas planchas de molibdeno 99 que eran residuos del ciclotrón de la Universidad de Berkeley, California. La basura de uno es el tesoro de otro, se dice, y en ese material sobreexcitado por su uso en el acelerador de partículas se producía un desintegración de un neutrón en un protón y un electrón, lo que convertía en molibdeno en el nuevo elemento que los italianos llamaron tecnecio, por haber sido creado de forma artificial.

Los isótopos más estables de Tecnecio tienen un periodo de semidesintegración de 4,2 millones de años, lo que implica que todo este elemento que procedía del polvo estelar que formó nuestro Sistema Solar ya se había convertido en molibdeno hacía eones, o en lo que le parecería a Jordi Hurtado un abrir y cerrar de ojos. No quiere decir que no exista el tecnecio de forma natural, ya que es un producto bastante poco frecuente de la fisión nuclear del uranio por lo que, aunque en una escala miserable, se sigue generando en estos momentos en ciertos minerales. También se halla en otros lugares del Cosmos, según el espectro de las estrellas gigantes rojas, pero allá, no está tan a nuestro alcance. 

Aunque su implicación en el desarrollo de la vida es prácticamente nula y su interacción actual bastante desaconsejable por su naturaleza inestable, la aplicación como marcador radiactivo del isótopo 99mTc ha demostrado su utilidad en medicina. Obviando el ligero inconveniente de la radiactividad, también es un efectivo protector del acero contra la corrosión, pero no se puede tener todo.  Tal vez, sólo tal vez, lo más interesante de este elemento sea la lección de humildad que supone cuando creemos conocer las leyes del Universo y no está en nuestras manos imponerlas.

Aliphant MCLI Serie Atómica XLIII Tecnecio

Serie Atómica XLII: Molibdeno

Por absurdo que nos pueda sonar decir de un elemento que se parece a otro y con eso darle nombre para diferenciarlo, el sueco Scheele en 1778 no dio más de sí. Molibdos es el nombre del plomo en griego antiguo un metal al que se parece al molibdeno salvo en que sus átomos difieren en 40 protones lo que hace del elemento más desconocido la mitad de ligero.

El molibdeno usado en las alineaciones de acero potencia tanto su resistencia que durante un tiempo se difundió el falso mito según el cual los herreros japoneses del siglo XIV ya lo utilizaban en la construcción de katanas. Es más, se contaba que el maestro Masamune, autor de algunos de los tesoros imperiales de la tradición japonesa derramó por error en la forja un remedio de molibdeno que usaba para tratar el asma, dando lugar a su codiciado secreto para la creación de las espadas. Al final, no hay pruebas de nada de esto, ni siquiera del uso del molibdeno como remedio de la medicina tradicional oriental.

Lo que sí es conocido es la importancia del cofactor de molibdeno en el desarrollo de la actividad de las cianobacterias, lo que permitió cambiar la atmósfera de nuestro planeta y dar lugar a las plantas y a los animales. Por primera vez en la historia de nuestro planeta los seres vivos transformaron el mundo en el que vivían, aunque esta vez a su favor y al de las futuras especies.

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Serie Atómica XL: Circonio

Si un género de entretenimiento puede ser etiquetado por falta de humildad, es sin duda el circense; jamás la calidad de sus números puede ser anunciada sin hipérboles: «el mayor espectáculo del mundo», «lo nunca visto», etc. Afortunadamente, el elemento de esta entrega, el circonio, merece toda su fama de resistencia a la corrosión y en parte es debido a que su nombre no tiene nada que ver con el circo, sino con el término persa zargun que significa «similar al oro».

En 1789, el químico prusiano y antiguo boticario Martin Klaproth lo descubrió en un jergón de Ceilán y lo llamó Zirkonerde, «tierra similar al oro» por su brillo casi diamantino, por lo que en nuestro idioma el circonio y sus compuestos pueden escribirse con c o con z.

La cristalización artificial y controlada del óxido de circonio permitió crear gemas de buen tamaño y con prestaciones que recuerdan al diamante, las llamadas circonitas, piedras angulares de la bisutería, pero a diferencia del más duro de los minerales, carecen de su brillo refulgente. Aún así, la resistencia a la oxidación favoreció su uso en materiales cerámicos de la industria aeroespacial. 

Aunque su intervención en los procesos químicos vitales es nula o al menos desconocida, el carbonato de circonio se utilizaba en lociones para contrarrestar las fricciones accidentales con hiedra venenosa, aunque hoy en día se ha reemplazado por medicamentos que provocan menos reacción en la piel.

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Serie Atómica XXXIX Itrio

Dos pueblecitos suecos son el origen de una cantidad tan descomunal de elementos que provocaron que se quedaran sin ideas para nombrarlos. El más reciente es Älmhult, donde se fundó IKEA y obviamente no es el objeto de la serie atómica. El  segundo, a 250 kilómetros del primero, es Ytterby, en la isla de Resarö, y cuyo nombre en sueco significa «pueblo exterior». Pero fue el interior de una antigua mina de cuarzo del lugar donde se produjo el descubrimiento de los elementos Itrio, terbio, erbio e Iterbio evocando a este topónimo sin muchas pretensiones. De los minerales de este lugar también se descubrieron el escandio y los lantánidos holmio, tulio y gadolinio,

El itrio es una de las llamadas tierras raras, junto a sus compañeros de la mina, e incluso conservan propiedades químicas similares porque tienen cambios en la configuración de sus capas electrónicas que afectan poco en la cesión y captura de electrones. Se encontró con más facilidad en las piedras lunares y no tiene intervención conocida en las reacciones químicas esenciales para los seres vivos. Su uso en los leds rojos y en aleaciones para superconductores ha despertado cierto interés en este elemento en la industria de tiempos recientes, donde se prueba prácticamente de todo para ver si los resultados de las pruebas mejoran. 

Desde que el gran químico sueco Arrhenius se hizo con un trozo de yttterbita en 1787, nadie cuestionó ya que ese pueblo era una mina… literalmente.

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Serie Atómica XXXVIII Estroncio

Posiblemente con el nombre más feo que un descubridor pondría jamás a un elemento, el estroncio es un metal alcalinotérreo tan parecido al calcio que puede sustituirlo en los huesos sin grandes diferencias. Los químicos Aidar Crawford y William Cruickshank descubrieron en 1790 el nuevo elemento en una mina de Strontian, Escocia, pueblecito que en gaélico se llama Sròn an t-Sithein, la nariz -o saliente- de la colina de las hadas.

Al arder, luce con un brillante rojo carmesí, lo que lo convierte en un apreciado material de pirotecnia y para la construcción de sables-láser de Sith en alguna lejana galaxia, tiempo ha. También absorbe los rayos X, por lo que durante mucho tiempo recubrió el vidrio de los tubos catódicos, protegiendo así de la radiación a los teleespectadores, aunque poco podía hacer contra la teletienda, los culebrones y las cartas de ajuste.

La humildad de los descubridores nos privó de nombres más sonoros para el elemento como Escocio o Caledonio, pero llevando el símbolo como un señor (Sr) su legado en la tabla periódica es sin duda inmortal.

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Serie Atómica XXXVII Rubidio

Descubierto en 1861 por dos científicos alemanes conocidos por otras aportaciones más populares, el rubidio, al carecer de un mineral de donde se pueda extraer con cierta facilidad, nunca ha tenido gran interés para la industria hasta nuestra era.

Robert Bunsen, padre de la espectroscopía e inventor del mechero estrella de los químicos y Gustav Kirchhoff, que con su ley de las corrientes enseñó a los futuros electrónicos cómo hacer trampas con la física, tuvieron su momento de probar su nuevo espectroscopio de emisión de llama con todo lo que se moviera o no. Por aquel entonces, tomaron 150 kilos de lepidolita y consiguieron 360 gramos de rubidio, siguiendo un proceso que un año atrás les había permitido descubrir el cesio. En el espectroscopio, el nuevo elemento se mostraba con líneas de brillante rojo carmesí, así que, antes de que viniera cualquier Sith, le dieron el nombre de Rubidium, que como en el corindón rubí, hace referencia a su color, aunque sólo en su caso a nivel espectral. 

El rubidio es un metal gris brillante violentamente reactivo, que en cuanto se expone al aire arde y se derrite por su propio calor de combustión, de manera que es necesario almacenarlo en ampollas de vidrio. No parece intervenir en las funciones vitales de los organismos, así que puede utilizarse como marcador, en especial con su isótopo Rb-82.  Su uso para crear láseres de confinamiento magnético para condensados Bose-Einstein así como células de aprovechamiento de la energía termoeléctrica a partir del principio magnetohidrodinámico ha hecho despertar un intenso interés científico en él que hubiera ruborizado a sus detractores del pasado.

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Serie Atómica XXXVI Kriptón

Cuando Sir William Ramsay, el gran cazador de gases nobles, localizó en 1898 las trazas en el aire licuado del elemento trigésimo sexto, le llamó kriptón por la raíz griega que significa «oculto» y la terminación en -ón de todos estos elementos del grupo VIII excepto el helio, y que incluye entre esta columna al último elemento sintetizado, el oganesón.

El kriptón o criptón empieza a ser un átomo tan grande que es capaz de saltarse su inerte condición y formar fluoruros con cierta ayuda. No obstante, no es tóxico salvo por la asfixia que provocaría al desplazar gases vitales y la cantidad que se genera en procesos de fisión permanece en pequeñas trazas en la atmósfera al pesar más que al aire. Como otros gases nobles, tiene interés como sedante, en los tubos de luz y para construir láseres.

Cuarenta años después, a los creadores de Superman, Siegel y Shuster, les hizo gracia el nombre del elemento y decidieron llamar así tanto al destruido planeta de origen del extraterrestre como a su perro Krypto y a la dañina kriptonita, el meteorito que tanto perjudica a los kriptonianos y ha generado tantos contenidos para las historietas del Hombre de Acero. 

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Serie Atómica XXXV: Bromo

Habrá que comenzar indicando que nada de lo que se va a exponer pudiera ser considerado una broma, aunque, no obstante, así pudiera parecerlo. El concepto de broma como recurso cómico a expensas de la ingenuidad o desconocimiento de otra persona es posterior al Siglo de Oro donde se utilizaba para una molestia muy pesada, por analogía al delgado molusco bivalvo broma, que engordaba devorando la madera sumergida de los barcos a los que atacaba y en los que acababa generando vías de agua. El nombre de este lamelibranquio procede del griego antiguo βρῶμα, vrooma, y a su vez de la expresión «devorar» o «comida». Y es que en la Antigua Grecia nadie se tomaba en serio la comida rápida. 

Pero incluso alguno manjares pueden ser hediondos, como ciertos quesos o vísceras y para ellos se usaba la palabra βρῶμος, vroomos, en el sentido de maloliente. Algún recuerdo pestilente les llegó a los académicos cuando apreciaron el tóxico olor del líquido elemento trigésimo quinto, aislado en 1825 por Carl Jacob Löwig y que, en consecuencia, se quedó en la tabla periódica como bromo.

El bromo es un halógeno líquido rojizo a temperatura ambiente, pero difícilmente se halla en estado puro dada su reactividad.  Es altamente tóxico lo que no impide que, en trazas mínimas, se encuentre en los seres vivos donde desempeña una función poco conocida, tal vez ayudando a construir las membranas celulares. El envenenamiento por bromo se denomina  bromismo, y el envenenador, lejos de ser considerado un simple bromista ha de pagar por sus actos, pues por etimología es redundante hablar de una broma pesada. Todas lo son, o nadie hubiera reparado en ellas o reparado los estropicios navieros de la temida Teredo navalis.  

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Serie Atómica XXXIV Selenio

En 1817, el sueco Berzelius descubrió un nuevo elemento, y para completar la parejita del Teluro, nombrado así por toda la Tierra, decidió llamarlo Selenio, en honor a su satélite compañero de viaje y al que la Humanidad no se acercaría hasta siglo y medio después. 

El metaloide selenio tiene propiedades similares a los de sus compañeros de grupo, el azufre y el teluro y ha cobrado especial interés en tiempos recientes con la concesión del Nobel de Química de 2023 a los investigadores Bawendi, Brus y Ekimov de unos nanocristales semiconductores llamados puntos cuánticos basados en compuestos binarios como el seleniuro de cadmio  y cuyas aplicaciones desbordan las fronteras de los materiales actuales.

La fascinación por la Luna ha enriquecido la narrativa popular de todas las culturas del planeta y no podía faltar en esta edición de la serie atómica que coincide con el día de Halloween.

Feliz día de todos los santos.

Aliphant MCV. Serie Atómica XXXIV Selenio

Serie Atómica XXXIII Arsénico

Una etimología popular es un simpático fenómeno de paronimia donde el lingüista que todos llevamos dentro trata de relacionar dos palabras similares con un mismo origen, aunque el parecido sea por mera convergencia evolutiva. Así, un mineral cristalino amarillo-dorado llamado oropimente – de pigmentación áurea- se conocía también como azarnefe en español, lo que procedía del persa «zarnikh» a través del árabe. A los antiguos griegos les parecía «zarnikh» muy similar a su adjetivo «arsenikos», masculino, viril, por lo que decidieron que ese metaloide debía llamarse así en su idioma y a los que recibían el nombre de Arsenio, se les auguraba una masculinidad áurea.

El arsénico fue desde muy temprano utilizado como un discreto veneno cuyos síntomas eran más difíciles de percibir, por lo que no tardó en convertirse en el veneno de reyes y rey de los venenos, ya que el riesgo de represalia por magnicidio requería cierto sigilo. Sus aplicaciones como colorante alimenticio y del hogar incluían dar un tono verdoso a los caramelos y al papel de pared de las casas del siglo XIX. Cuando su toxicidad se hizo notoria en episodios como el envenenamiento por caramelos de Bradford de 1858, que causó la muerte de 21 personas al cambiarse por error el yeso que sustituía al costoso azúcar por trióxido de arsénico, comenzó a utilizarse como pesticida y como sustancia dopante para caballos de carreras. La ingeniería química siempre consigue abrir un camino para todo.

El arsénico, pese a sus efectos nefastos para los mamíferos, se utilizó como medicamento para la sífilis y sigue teniendo su interés en tratamientos para destruir células cancerosas; Paracelso tenía razón en que la diferencia entre un medicamento y un veneno es cuestión de dosis.

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Serie Atómica XXXII Germanio

La carrera de los químicos del siglo XIX por identificar los elementos que predecía la tabla periódica de los elementos de Mendeleyev, no ocultaba la rivalidad de las naciones que competían en planos más mundanos. Al Galio del francés Paul-Émile Lecoq respondió el alemán Clemens Winkler con el germanio, un metaloide del grupo del Carbono y del Silicio, y que, como éste, es capaz de formar cadenas aunque de menor longitud.

El germanio pasó desapercibido en tiempos remotos a pesar de su abundancia en la corteza terrestre, debido a su carácter disperso.

Su estructura cristalográfica de diamante le convierte en un material muy preciado para la fibra óptica, las cámaras infrarrojas y la fabricación de semiconductores y de los ya muy olvidados DVDs reescribibles.

Aliphant MIC Serie Atómica XXXII Germanio

Serie Atómica XXXI Galio

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, los científicos se comportaban como estrellas del rock… perseguían imponer su nombre o el de sus países en sus descubrimientos y tenían un afán de protagonismo que los laboratorios y las grandes corporaciones se ocuparon de apaciguar años más tarde. La ciencia y más aún, las técnicas aplicadas, dejaron de depender de los individuos como Tesla o Edison y se diluyeron en el anonimato de los equipos de laboratorios o grandes corporaciones tecnológicas. Como ejemplo, en los últimos 50 años, apenas cuatro científicos han recibido el premio Nobel de Física de forma individual y lo habitual es concederlo a tríadas por temas comunes. 

El galio, bautizado por su descubridor Paul-Émile Lecoq en 1875 en honor a su país de origen y a su propio apellido que significa «gallo» y suena sospechosamente parecido, fue previsto por el modelo de tabla periódica de Dimitri Mendeleyev con las propiedades típicas del grupo 13 del boro y del aluminio y su masa correspondiente. Aunque no suele presentarse en estado puro, se muestra como un sólido a temperatura ambiente que llega a fundirse en la mano, dado su bajo punto de fusión. 

Su uso actual como semiconductor para la fabricación de componentes electrónicos de altas prestaciones y su carácter no tóxico le ha convertido en un elemento estratégico en la industria actual y su exportación forma parte de las guerras comerciales de las grandes potencias económicas que incluso han tenido que recurrir al reciclaje en momentos de carestía o bloqueos.

El Galio de Lecoq no debe confundirse con el Francio de Marguerite Perey o el Lutecio de Georges Urbain, aunque obviamente los tres son elementos dedicados por sus descubridores a Francia o a su capital París, la antigua Lutecia.

Aliphant MXCVII Serie Atómica XXXI Galio

Serie Atómica XXX. Zinc

El elemento con el nombre más fascinante es, sin lugar a dudas, el zinc. Según Wiktionary, el diccionario universal en 4200 lenguas que es un proyecto hermano de la Wikipedia y que constituye el arma más poderosa de un etimologista, políglota exacerbado o jugador compulsivo de Scrabble, su origen para encontrarse en una expresión germánica para algo puntiagudo o con dientes. En castellano coexiste con la grafía menos científica de cinc, pero en su prestigio hay que añadir que es una de aquellas palabras en la que la i o la e quedan mucho mejor tras la zeta. (Seguramente, otra de ellas es zeta).

Aunque se usó desde la Antigüedad en aleaciones como el latón o auricalco y en su mineral de calamina, que es básicamente óxido de zinc, los alquimistas tardaron en identificarlo como un metal nuevo y diferente al resto y tuvo que ser Paracelso quien lo etiquetó como un extraño estaño.Tal vez la referencia cinéfila más sorprendente de este elemento se produzca con el drama de Tennessee Williams La Gata sobre el Tejado de Zinc, dado que tanto en castellano como en portugués tradujeron el título «Cat on a Hot Tin Roof» obviando que tin es estaño y no zinc, probablemente por el parecido de ambas palabras, aunque sin mucha justificación para aquellos traductores de sesgo no científico.

El Zinc es uno de los elementos benefactores para los seres humanos y es esencial para la actividad cerebral. La superplasticidad de este metal favoreció su aplicación en circuitos electrónicos, pero una lenta tendencia a estirarse en forma de excrecencias llamadas bigotes de zinc ha sido causante de inesperados cortocircutos. Tradicionalmente, se resolvía añadiendo plomo a los conductores, por lo que la regulación ROHS que elimina este metal pesado ha reabierto un problema de bigotes.

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Aliphant MXC Serie Atómica XXIX Cobre

El cobre siempre estuvo allí, como un regalo de los dioses, como un don de las estrellas. Un metal maleable y buen conductor, fácil de fundir y trabajar y con un brillo rosado que si bien no podía compararse al del oro o la plata, sólo andaba detrás de estos. Y de igual manera, después del oro del Sol y la plata de la luna, el cobre debía dedicarse al tercer astro más luminoso que es el planeta Venus. La tabla periódica demostró que los tres metales pertenecían al grupo 11 y que su distribución electrónica les proporcionaba esas propiedades químicas tan apreciadas.

Volviendo a la Antigüedad mediterránea, todos los pueblos comerciantes habían oído hablar de una isla donde el cobre abundaba y sus habitantes prosperaban bajo la protección de Afrodita, la forma griega de la diosa Venus. Esa isla se llamó Cyprus, Chipre y el metal de Chipre se conocía como «aes cyprium», de donde degeneró cuprum y nuestro cobre. El origen de la palabra Cyprus habría que remontarlo al griego minoico Kupurijo y existe una referencia a la escritura lineal B cretense del siglo XV a.C. Su significado en cambio, es desconocido, y podría volver a hacer referencia al preciado metal que allí era fácil de conseguir.

Por cierto que la etimología de la palabra cobrar nada tiene que ver con las monedas de cobre, y habría que buscar su origen en el doblete latino recobrar/recuperar y el verbo capio, coger. El cobre es uno de los elementos esenciales para la vida y es clave para los procesos de respiración aeróbica. Cuando los microbios que respiraban oxígeno se hicieron fuertes, se aficionaron para siempre al cobre, como cualquier cuprocleptómano de nuestros días.  

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Serie Atómica XXVIII: Níquel

¿Qué tienen en común el escritor y dibujante Sempé con el elemento 28 de la tabla periódica? Aparentemente poco, dado que los procesos orgánicos humanos en los que intervienen el níquel son escasos y más bien de índole tóxica.Y sin embargo, Sempé creó con Goscinny El Pequeño Nicolás y este hipocorístico en alemán se diría Nickel, de la misma forma que Hansel y Gretel rejuvenecen a Hans y Greta.

El Kupfernickel o Nicolasillo del Cobre sigue la pauta del cobalto; los mineros alemanes se encontraban con trazas de níquel en los minerales que complicaban la extracción del valioso cobre y la conclusión obvia es que era producto de la acción de seres mágicos malévolos, que respondían al nombre de pila de Nikolaus. El sueco Axel Cronstedt respetó esta tradición al aislar el elemento  en 1751 y darle el nombre de Nickel.

El níquel es un metal plateado con un ligero brillo dorado y propiedades ferromagnéticas, pero su uso numismático no se produjo hasta el siglo XIX, por lo que no hay en principio asociación alguna con ese concepto de moneda de bajo valor que sustituye a la plata. Las monedas de cobre bañadas en níquel para reducir su oxidación fueron asignadas a valores de 5 centavos en Estados Unidos, lo que era el precio de la entrada de teatros, cines y espectáculos de variedades de principios del siglo XX. Tales formas de entretenimiento de escaso precio se llamaron nickelodeons, así como algunas pianolas a moneda y la productora de Paramount que tiene en nómina a Bob Esponja y su compañero Patricio. El resultado no podía salir de otra forma: niquelado.    

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Serie Atómica XXVII Cobalto

Desdeñado y confundido desde tiempos antiguos, no se identificó al cobalto como elemento hasta  1735 por el sueco Georg Brandt, pero su óxido había sido utilizado por todas las grandes civilizaciones para conseguir un tinte azul resistente en cerámica y vidrio, desde la fayenza egipcia a la porcelana china.

El cobalto era considerado por los mineros como un material de desecho, a menudo encontrado en presencia de vapores tóxicos de arsénico y por ello era considerado producto de las travesuras de los Kobold o trasgos que acabaron dándole nombre.

Su presencia en el núcleo de la vitamina B12 hace del cobalto un material esencial para la vida animal, y su ausencia en la comida de origen vegetal requiere en las dietas vegetarianas complementos sintéticos.

Su uso actual en la tecnología de las baterías convierte a este elemento en uno de los materiales claves de la industria actual, en la que los gremlins ya han sustituido a los antiguos kobold.

Aliphant MLXXVII Serie Atómica XXVII Cobalto