Debemos aprender a juzgar a un autor por sus obras y no a las obras por su autor. El dibujante y guionista estadounidense Scott Adams era el más insigne representante del género de tira cómica de ámbito laboral con su genial Dilbert. A pesar de su ambiente de oficina, las viñetas de Dilbert podían ser ácidas y mordaces y destilar violencia no explícita. El talento de Adams para manejar los estereotipos del personal de una gran compañía y lo absurdo del sistema establecido sazonaba con fuertes dosis de ironía las relaciones y situaciones cotidianas, de manera que incluso en la hipérbole, el lector podía verse reflejado en las desventuras de su inteligente alter ego Dilbert.
No pocas veces esta habilidad para la ironía y el sarcasmo le supuso a Adams conflictos con la biempensante cultura de la cancelación y arrastraba tiempos difíciles tanto por el boicot a su trabajo y declaraciones como por la dura enfermedad que terminó con sus días el pasado martes y trece.




