Asimov disfrutaba contando una anécdota como contra-ejemplo de su capacidad de prever el mundo del mañana y se plasmó en su relato corto «Everest» que forma parte del recopilatorio «Compre Júpiter». Rondaba el año 1953 y al bueno de Asimov se le ocurrió la posibilidad de que el monte Everest, el más alto de la Tierra si no se cuenta la base submarina del volcán Mauna Kea, jamás sería conquistado porque en él se escondían unos extraterrestres que habían elegido esta cumbre para vigilar desde allí a los humanos.
Un mes después el neocelandés Sir Edmund Hillary y el nepalés Tenzing Norgay llegaban a la cumbre del Everest pero es que además el relato de Asimov no se publicó hasta meses después de que la noticia hubiera recorrido el mundo, dejando no sólo la previsión como ridícula, sino al escritor como pésimamente informado.
Aunque Asimov no solía incluir extraterrestres en sus relatos, con la excepción -y compensación histórica- de «Los Propios Dioses» de 1972, en esta ocasión convierte a los abominables hombres de las nieves, yetis o criaturas criptozoológicas similares en guardianes «marcianos» protectores de la cumbre, algo que también recuperaría la atracción de Animal Kingdom de Expedición Everest o un más reciente episodio del remake de DuckTales o Patoaventuras.



