A finales del siglo XV el hijo de un orfebre de origen húngaro no sólo se convirtió en un hombre del Renacimiento, sino que consiguió que los pintores alemanes pasaran de artesanos medievales a artistas modernos. Alberto Durero no sólo fue un hábil dibujante y grabador sino que fue capaz de plasmar su conocimiento en arte en una obra literaria que utilizó el alemán como vía, forjando así un amplio vocabulario de las técnicas pictóricas y sus materiales. Los paralelismos con los métodos del reformador Lutero son numerosos si bien el artista de Nuremberg utilizó el grabado como medio de difusión masivo de sus creaciones, donde los conceptos renacentistas del humanismo y las proporciones dentro de una perspectiva desplazaron el colorido simbolismo del Gótico.
Melencolía I, así escrito, es un grabado alegórico que forma parte de una trilogía dibujada en 1514, en uno de los mejores momentos de éxito en su profesión, pero no tan afortunados en lo personal. Durero evoca la primera de las tres formas de la melancolía, el estado anímico de los artistas durante la introspección del proceso creativo. Al tratarse de un grabado, existen impresiones de esta obra de Durero en los principales museos del mundo y se ha convertido en una de las obras más famosas de Durero y una de las que más contenido simbólico esconde. Y la viñeta de Aliphant, también esconde unos cuantos, a disposición del curioso lector.
