Con la longitud de onda de 1550 nanómetros… qué narices…. a la frecuencia de 193,41 terahercios, los fotones circulan por la fibra óptica como si fueran por raíles. Es la frecuencia adecuada para transportar la luz en los cables de fibra y eso implica grandes ventajas desde el punto de vista económico. Pues bien, los ingenieros encontraron que, cuando a la fibra óptica se le dopaba con iones de erbio-al revés que en el deporte, en la ingeniería el dopaje no es siempre reprochable- y se bombeaba energía con un láser, se amplificaba la señal y la salida amplificada se centraba además en los óptimos 193,41 terahercios del infrarrojo cercano.
El erbio lo había descubierto en 1843 nuestro viejo amigo el sueco Carl Gustav Mosander de una muestra de mineral de Ytterby, y como se le daba mejor hallar nuevos elementos que ponerles nombre, le llamó erbium para poder confundirlo bien con el terbium, que nombraría al año siguiente, y todo con el mismo origen que el ytterbium y el yttrium.
Durante no poco tiempo, los químicos llamaron a las rosadas sales de erbio, terbia y a las amarillas sales de terbio, erbia, cuando su composición estaba al revés. Como su aplicación en los amplificadores de fibra óptica con dopaje de erbio aún no se había descubierto, sólo fue necesario mover la t de sitio en los frascos.
El erbio no desempeña función alguna conocida en los seres vivos si bien los láseres de erbio son útiles para eliminar cicatrices de la piel por su rango de alcance superficial al ser rápidamente absorbidos por el agua.
Y como especial recomendación para el erbio, y como decía el gran Stevie Wonder, si bebes, no conduzcas.
