He-ANT

Cuando en 1987 Dolph Lundgren protagonizó la adaptación a imagen real de He-Man «Masters del Universo», no es lo peor que podía haber hecho un ingeniero químico, pero se le acerca. 

Lo peor fue sin duda la inyección de aire en el helado envasado que aún hoy se vende por litros, no por peso, y se le ocurrió a una tal Margaret Thatcher, pero esa es otra historia.

Si se entiende como un producto de Mattel y prácticamente continuación de Barbie, (esta vez sin Oppenheimer, que Nolan aún está en plena odisea intentando que Aquiles abra botes de pepinillos), la nueva adaptación de una historia que sólo pretendía vender unos juguetes que no habían conseguido la licencia para Conan el Bárbaro. es una creación divertida, funcional y con esmero por los detalles que entusiasmaron a tantos niños. Para los detalles que entusiasmaron a las niñas, ya adaptarán She-ra o una segunda parte de Barbie. Mattel no vendía en esa época juguetes mixtos; no como Hasbro, que tenía «Hundir la Flota» y el tablero de Ouija.  

Que el eminente astrofísico Sir Brian May se haya apartado de su telescopio para tañer los acordes que requieren los efectos sonoros de los sablazos de la espada de He-Man -técnicamente, he-mandobles- es otra muestra del nivel de cuidado con lo que se ha atendido este regalo a una audiencia que conocía -y amaba- las limitaciones narrativas del material de partida mucho mejor que aquel elenco de 1987. La película resuelve con bastante humor lo inevitable de las eternas contradicciones del mundo de Eternia. 

Y por el poder de Grayskull, tú puedes ser lo que quieras, que es lo que dice Mattel en este siglo.

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