Aliphant’s Banksy

La dedicación de este elemento de la serie artística de Aliphant a un autor vivo responde a un criterio de actualidad, como es habitual. por otra parte, en la creación de este artista.

El pseudónimo de Banksy había protegido durante décadas al británico Robin Gunningham, alias David Jones, de los delitos de vandalismo contra propiedades públicas y privadas. Banksy -o su equipo- estampaba sus creaciones en lugares públicos, en una mezcla de forma de comunicación de masas y performance que pudiera estar amparado por la libertad de expresión, aunque no esté exento de polémica por la más que probable falta de sinceridad en sus premisas. 

Banksy no es un grafitero que pinta con aerosol su dibujo con toda celeridad para evitar ser detenido. Los famosos acabados que dotan de un realismo inusual a sus imágenes se basan en plantillas de estampado o stencil que permiten una aplicación más rápida y segura para el que perpetra el allanamiento, y siendo realistas, la marca en la que se ha convertido Banksy tampoco es motivo de desagrado para muchos receptores privados. No es infrecuente que se arranquen las paredes donde se coloca la estampación para venderlas a precios astronómicos. 

El negocio de Banksy no está en la venta o reventa de la obra en sí, sino en su mercadotecnia, exposiciones y todo el negocio de diseño de marca que conlleva, lo que seguramente no se verá afectado por el descubrimiento de su identidad. Otra cuestión es que tenga que buscar otra tapadera cuando atente contra las sobrias paredes de organismos públicos, menos dispuestos a permitir que la parodia banksyana se perpetúe en sus muros por amor al arte.

Felices pascuas.  

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