Cuando René Goscinny vivió en Argentina, conoció a los verdaderos predecesores de los cowboys estadounidenses, los jinetes ganaderos hispanos, y más en concreto los gauchos de la pampa. En los años cuarenta, la moda del Western se extendió por todo el planeta; John Ford había estrenado en 1939 La Diligencia, con John Wayne, el buque insignia de las películas del Oeste y el género despuntaba en cine, literatura, televisión y en la mercadotecnia del cuarto de Andy.
El belga Maurice de Bévère, con el pseudónimo Morris, había creado el cómic Lucky Luke para aprovechar la moda, pero tuvo su punto de inflexión cuando conoció a Goscinny y pensó en dejarle los guiones y centrarse en la parte gráfica. El cambio fue radical, el relato, hasta entonces serio, se inundó del humor de Goscinny e incluso los hermanos Dalton, a los que el severo Lucky Luke inicial ejecutó, fueron recuperados a partir de sus escalonados primos.
Tras el fallecimiento de Goscinny, Morris buscó otros guionistas que continuaran con ese toque de parodia del salvaje Oeste que tanto éxito le había generado. Los tiempos cambiaban y el cigarrillo de Luke fue sustituido por una espiga, pero sólo el declive general del género del Oeste pudo hacer mella en el cowboy más rápido que su sombra.
I am a poor lonesome cowboy, and a long way from home…
