En 1794, en el mismo año en el que el químico finés Johan Gadolin había concluido sus estudios sobre las sales de Ytrio, la primera de las tierras raras descubierta, le dio tiempo también a estudiar un mineral que fue llamado en su honor gadolinita. Las muestras de gadolinita apenas tienen trazas del elemento que Jean Charles de Marignac denominó Gadolinio casi cien años después de los análisis de Gadolin, quien, si no hubiera confundido el berilio con el aluminio, podría haber descubierto otro elemento más.
El gadolinio tiene la curiosa propiedad física de perder su magnetismo por encima de los 20 grados centígrados, su punto Curie. No sólo el aumento de la temperatura le hace perder su magnetismo, sino que cerca de este punto, el calor puede inducirle magnetismo. El punto Curie recibió su nombre por Pierre Curie, patriarca de la famosa familia de acaparadores de Premios Nobel.
Sus propiedades físicas para reforzar aleaciones en pequeñas cantidades también le convierten en un material de gran interés. Se venía utilizando para general el color verde en los fósforos de los televisores de tubos catódicos, pero superada esa tecnología, su función en la electroóptica se ha superado por el uso como contraste en resonancias magnéticas, donde permite observar las zonas blandas del cuerpo con gran precisión.
Aunque no tiene funciones conocidas en la química de los seres vivos, sus sales son tóxicas por lo que su uso en contraste requiere su encapsulamiento previo en polímeros contenedores que protejan el cuerpo sometido a la resonancia de sus efectos negativos.
