Serie Atómica LXII Samario

Como con el resto de los lantánidos descubiertos a finales del siglo XIX, un científico recibía una roca de una mina remota del mundo y le hacía todo tipo de tropelías hasta que conseguía separar lo que pudiera ser un elemento desconocido hasta el momento y lo confirmaba sometiéndolo al espectrómetro. En la carrera por lograrlo, no pocas veces aparecían las falsas alarmas. El suizo Marc Delafontaine se llevó una gran decepción cuando, tras publicar en 1881 el descubrimiento del decipium, del latín engaño, y que extrajo de la samarskita, se descubrió que, en realidad, era todavía una mezcla de tierras raras. Afortunadamente, había descubierto el holmio en 1878, lo que le permitió pasar a la historia como un exitoso, si bien no infalible, cazador de elementos.  

El samario fue correctamente identificado en 1879 por el hugonote Paul-Émile Lecoq, que ya se había apuntado antes el tanto con el galio y después continuaría con el disprosio. Como ya había consumido toda su vena creativa con el galio y su referencia a la antigua Francia, pudiera parecer que siguiera con la bíblica Samaria, región central de Israel de donde procedía la piadosa samaritana que ofreció agua, que no gaseosa, al Mesías, pero nada menos legendario. El samario lo sacó de una piedra que según la etiqueta se denominaba samarskita; fin del invento. 

La samarskita, por suerte, tiene más recorrido; llamada así por el coronel ingeniero de minas ruso Vasiliy Yevgrafovich Samarsky-Bykhovets, del que no hay ni una mísera foto ni un icono, pero que se convirtió en la primera persona homenajeada por la nomenclatura de un elemento, aunque de forma indirecta. El apellido de Samarsky viene de la ciudad rusa de Samara, pero si se guglea este topónimo, antes aparecerá la espantosa aparición del remake americano de The Ring, quedan advertidos los lectores.  

La aleación samario-cobalto produce los segundos imanes más potentes del momento, sólo detrás de los de neodimio y conservando sus propiedades magnéticas hasta los 500ºC, mucho más de lo necesario para adornar una nevera, pero lo suficiente para tenerla en cuenta en las guitarras eléctricas, que deben de caldear mucho el ambiente. También tiene utilidad en la destrucción de células cancerosas y no interviene en procesos biológicos; y es que según, parece, lo que no mata, activa el metabolismo.  

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