Serie Atómica LVIII Cerio

Si bien en algunas tablas periódicas clásicas se colocaba una casilla de elemento cero donde había un neutrón (cero protones y cero electrones), nadie tenía en mente al cerio, que ocupa la segunda posición de los lantánidos en la grada de tierras raras. 

Y poco tiene de raro el cerio que es tan abundante como el cobre, aunque se cobre más por éste. Tampoco tendría que ver con la cera, que es un éster de ácidos grasos de cadena larga generado por agentes biológicos ya que el cerio tiene utilidad cero en los seres vivos, y al ser abrasivo, es mejor mantenerlo lejos del alcance de cualquiera. Cosa más seria sería la ceria, u óxido de cerio, en serio. (Vaya día les estamos dando a los ceceantes). 

Y sin embargo, el cerio tiene la curiosa propiedad de generar chispas al golpearlo, como un pikachu cabreado, lo que le convierte en un material ideal para mecheros y productos pirotécnicos. 

Como se va a acabar esta descripción antes de llegar al misterioso origen del nombre del elemento, distracciones cero: cuando en 1803 el sueco Berzelius dio con el cerio, hacía apenas dos años que se había descubierto el planeta enano Ceres, el 1 de enero de 1801, nombrado así por el sacerdote y astrónomo Giuseppe Piazzi  en honor a la diosa romana de la agricultura, mientras sus paisanos se comían las lentejas, y a otros les daban las uvas. En aquel momento no se sabía cómo de importante era Ceres, pero desde la antigüedad, los planetas visibles a simple vista se habían asociado a los elementos químico: el oro con el Sol, la Luna con la plata, el cobre con Venus, Marte con el hierro y el mercurio, vaya usted a saber…    

Deja una respuesta