Homenaje a David Lynch (1946-2025)

Era demasiado original para ganarse el favor de la Academia, excesivamente perturbador para ganarse por completo a la taquilla, y sin embargo, supo hacer suyos los medios en los que trabajaba. «Twin Peaks» fue la primera serie de televisión que parecía una producción para la gran pantalla, con su fotografía, sonido, banda sonora, laberíntico argumento y altisonancia rítmica nunca vistos hasta entonces. Lynch nunca vio la necesidad de justificar su obra ni explicar sus motivos; simplemente ahí estaba su resultado.

En el cine, dominaba el lenguaje y la escena, desde la biografía de época de El Hombre Elefante encargada por el mismísimo Mel Brooks a la space ópera adaptación de la mística Dune, de un impacto tal, que tardó cuatro décadas Villeneuve en traernos su propio intento de interpretación de la compleja tesitura de los mundos de Frank Herbert. El surrealismo Lynchiano se combinaba con cualquier género para conseguir sus apenas diez amalgamas en forma de largometrajes, desde el terror de Eraserhead al thriller psicológico Inland Empire apenas diez títulos forman el espacio cinematográfico de este director, aunque sí se prodigó con más generosidad en el formato del cortometraje.

Compositor y colaborador en sus bandas sonoras, al estilo de Chaplin, y no pocas veces actor tanto en producciones propias como de sus compañeros, su última interpretación no pudo ser más épica en la casi autobiografía de Spielberg «The Fabelmans». Lynch recrea a un veterano John Ford impartiendo una brusca lección de cine a un principiante cineasta que reconocería con el tiempo su enorme valía.

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