Serie Atómica XLIX: Indio

La peculiar naturaleza del espectro electromagnético visible tiene repercusiones en la lingüística universal comparada hasta el punto de considerarse una fuente de incertidumbre en la descripción de los colores y no se ha resuelto completamente con la invención de los modernos sistemas de identificación.

En el siglo XVII, Isaac Newton descompuso con un prisma un haz de luz en los colores del arco iris. Por su propia iniciativa, decidió que en ese gradiente continuo se podían diferenciar siete colores y uno de ellos, entre el azul y el violeta era el índigo, o añil, como más frecuentemente se conoce en español. Sin embargo, en esa época en la que tantos los tintes como los pigmentos se creaban de forma artesanal, no había manera de identificar de forma objetiva a qué rango de frecuencias -o longitudes de onda, para los físicos- se estaba refiriendo. Existía un tinte azul oscuro oriundo de unas plantas de la India que se llamaba en consecuencia índigo, una deformación de índico. Cuando en 1863 los químicos Richter y Reich vieron el espectro electromagnético de un nuevo metal, se fijaron en su línea de color índigo y lo denominaron Indium, sin por ello poder otorgarle un homenaje directo al superpoblado país.
El indio es un metal de post-transición, sin uso en la biología de la vida aunque nocivo como elemento pesado y sus aleaciones y compuestos despiertan un gran interés para la creación de nuevos materiales, como los resistentes parabrisas de los aviones tratados con ITO, el óxido múltiple de indio y estaño.  

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