Leslie Nielsen descubrió por sí mismo en su niñez una de las armas más poderosas contra el acoso escolar: «cuando la gente se ríe, no te pega». Y tenía todas las papeletas para el sorteo de palos. Cuando los Nielsen se trasladaron al norte de Canadá, sus hijos padecieron de raquitismo por la falta de vitaminas, lo que dejó una forma de andar cuanto menos curiosa para el resto de la vida del joven Nielsen. Lejos de amedrentarse, lo superó con humor e ingenio, pues incluso los matones del colegio necesitaban reírse, e incluso tal vez mucho más que otras personas.
Con esa experiencia de superviviente de los hielos, el futuro actor entendió que el humor aliviaría siempre las tensiones e incluso los momentos más críticos volverían de nuevo a la normalidad si sabía crear las situaciones adecuadas. Y es que Leslie no contaba chistes, más bien los vivía.
Por eso, cuando se habla de su segunda oportunidad con la comedia, del resurgir de una fallida carrera dramática con parodias irreverentes pero exitosas, se olvidan de aquel niño travieso que nunca abandonó al gran actor de Saskatchewan. ¡Salud!
Feliz centenario,Sr. Nielsen.
