De las pocas fechas que un estudiante de Historia necesita memorizar, tenemos la Batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, precisamente el número que alcanza esta viñeta de Aliphant. Y no es simplemente porque sea una fecha trascendente para la evolución de los reinos cristianos peninsulares, sino porque es fácil de recordar.
Cuando todas las probabilidades estaban en contra de la coalición de monarcas cristianos auspiciados por la cruzada declarada por el papa Inocencio III, una hazaña épica cambiaría el devenir de los acontecimientos: la conocida como carga de los tres reyes, que hizo huir al contendiente almohade. Alfonso VIII de Castilla debía haberse reunido con Alfonso IX de León y Alfonso II de Portugal en lo que hubiérase denominado la carga de los tres alfonsos, pero las desavenencias previas provocaron que éstos no participaran, aunque sí permitieron a sus súbditos que asistieran a título individual. Tampoco los voluntarios transmontanos, léase franceses e ingleses, llegaron al campo de batalla, al negarles Alfonso VIII la posibilidad de matar y saquear infieles por el criterio, bastante humanitario para la época, de todo el esfuerzo que supondría volver a tener que reconstruir y repoblar lo allanado. Fueron Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón, que no Aragorn, los que acompañaron con tanto valor en su carga de caballería pesada a Alfonso VIII, que su victoria cambió el signo para siempre de una Reconquista que aún tardaría casi trescientos años en terminar.
