Los clarividentes guionistas de Los Simpson ya se dieron cuenta de que había huecos en el calendario en los que no se celebraban festividades temáticas e inventaron Amorlandia para el verano.
Hilando aún más fino, los expertos en mercadotecnia actuales vieron la necesidad de rellenar entre Navidad y San Valentín con el Blue Monday, tercer lunes de enero y, aparentemente el día más deprimente del año, según un cálculo estadístico de 2005 de la Universidad de Cardiff, que tenía en cuenta parámetros como la cantidad de luz solar, tiempo transcurrido desde Navidad, materialización de los fracasos de los propósitos de Año nuevo o la capacidad de asumir las deudas contraídas en episodios consumistas previos. Lógicamente, el estudio no tenía mucho fundamento pero una agencia de viajes se lo agenció para promocionar sus viajes a las Islas Canarias para combatir el sombrío Blue Monday.
Anteriormente, el Blue Monday aludía a los lunes de resaca tras fines de semana intempestivos, por lo que el concepto existía en la cultura americana e incluso fue el título de una ópera de jazz sinfónico de George Gerswin de 1922 precursora de Porgy and Bess, aunque más adelante decidió renombrarla como 135th Street.
Que el Blue Monday, que obviamente no se quedará en un lunes, sea leve.
