Al séptimo libro de la epopeya potteriana no se le puede negar una envidiable búsqueda de la completitud, palabra fea donde las haya pero que resulta menos gráfica que la redondez, poco apropiada para los libros, que en la mayor parte de los casos tienen formas más poliédricas.
J.K.K colecciona sus creaciones diseminadas por los seis libros anteriores para darles una despedida tan fugaz como digna, de manera que una de las preocupaciones durante la lectura del libro es a quién se dejará la autora sin citar.
A punto de comenzar otra miniserie dentro de la línea principal que todo comic strip debe poseer, el esperado encuentro entre Sameck el Ascendido y Aliphant el doblemente frustrante de los malévolos planes del desmán pirenaico se desarrolla en un extraño escenario cargado de estática y fuegos de San Telmo.
El vestuario tampoco tendría mucho sentido, si no fuera por este homenaje por la aparición de la traducción al español de «Harry Potter and the Deathly Hallows» que es Voldemobbing.